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Lunes 6 por la mañana: guíame y protégeme

Tarjeta de oración de la mañana del lunes 6

Amado Dios, te saludo en esta hora temprana del lunes y te entrego mi primer suspiro. Que todo lo que emprenda lleve el sello de tu bondad. Te ofrezco mis planes, mis citas y mis pendientes. Que tu luz entre por mi ventana y también por mi corazón.

Mi súplica cabe en pocas palabras: guíame y protégeme. Hoy más que nunca te pido guía y protección, porque conoces mi vida, mis anhelos y mis carencias. Toma mi mano, regálame nuevas oportunidades y condúceme por caminos buenos. Hay temporadas en las que siento que necesito tu ayuda de un modo especial, y esta es una de ellas. Tú sabes por qué. Conoces lo que me preocupa, lo que deseo y lo que me falta. No tengo que convencerte de nada; solo quiero apoyarme en ti con toda la confianza de un hijo. Te pido sabiduría para enfrentar lo que me inquieta.

Reconozco tu bondad en cada oración escuchada y en la generosidad de los vecinos. Quiero ser agradecido también por lo pequeño, como los amigos fieles. Te doy gracias por la belleza de la creación y por la oportunidad de servir. Te alabo porque nunca me ha faltado las conversaciones sinceras.

Que mis palabras construyan y no hieran a nadie. Forma en mí un corazón con discernimiento, Padre bueno. Enséñame a pedir perdón y a perdonar de verdad. Guíame en este día. Muéstrame qué puertas tocar y cuáles dejar pasar. Si hay una oportunidad que tú tienes preparada para mí, ayúdame a reconocerla y a tener el valor de aprovecharla. Y si algo no me conviene, dame la paz de soltarlo sin amargura.

Mira con bondad a mis padres y dales constancia. Protege a mis compañeros de trabajo de todo peligro, visible e invisible. Que a mis sobrinos no les falte salud, trabajo ni esperanza. Alienta también a mis suegros, aunque estén lejos de mi vista.

No quiero orar solo por mí: también te presento a los que están de luto. Ayúdame a compartir lo que tengo con los que me ofendieron. Me abandono en tus brazos como un niño en el regazo de su madre. Confío en ti más que en mis propias fuerzas.

Protégeme también de los peligros visibles e invisibles: de los accidentes, de las malas compañías y de los pensamientos que me roban la paz. Llévame por caminos buenos, donde pueda crecer, servir y ser feliz. Contigo de la mano, sé que llegaré a donde debo llegar. Descanso en tu fidelidad, que no cambia nunca. Guíame paso a paso, para que no me aparte de tu camino. Bendice cada hora de este lunes, Rey de mi corazón. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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