
Amado Dios, ahora que el lunes se apaga y la casa guarda silencio, quiero hablar contigo. Repasa conmigo lo vivido y enséñame a ver tu mano en ello. Reposa conmigo, Padre amoroso, y que nada turbe mi descanso. Que el silencio de mi cuarto se llene de tu presencia.
Escucha, Padre santo, lo que brota de mi interior: que se haga tu voluntad. Gracias por todo lo que me diste hoy. Confío en tus planes perfectos y te ruego que se cumpla tu voluntad en mi vida, ahora y siempre. Quiero decirte con sinceridad: hágase tu voluntad. No la mía, que a veces es egoísta o corta de vista, sino la tuya, que siempre busca mi bien verdadero. Corrige mis caminos sin humillarme, como solo tú sabes hacerlo.
Aun en los días grises descubro tu cariño en cada oración escuchada. Reconozco tu bondad en el agua limpia y en los abrazos sinceros. Gracias porque tu amor me alcanza como un huerto bien regado. Bendito seas por la salud de mi cuerpo, que llega a mi vida como semilla en buena tierra. Nada de esto lo merezco: los dones que pusiste en mí, el pan sobre la mesa, todo viene de ti. Te doy gracias por el valor para empezar de nuevo y por las conversaciones sinceras. Gracias por cada latido de mi corazón; es una prueba de que piensas en mí.
Forma en mí un corazón con generosidad, Padre santo. Aleja de mí la angustia y dame la alegría de los que confían en ti. Siémbrame discernimiento y arranca de raíz la culpa.
Mira con bondad a mis vecinos y dales pureza de corazón. Fortalece a los enfermos de mi familia, Padre celestial, y cúbrelos con tu amor. Gracias por mis sobrinos; enséñame a amarlos mejor. Que mi hogar sea como un huerto bien regado para todo el que llegue. Abraza también a mis padres, aunque estén lejos de mi vista. Te encomiendo a mis hermanos; tú conoces lo que necesitan. Que en cada rincón de mi vida reine el respeto y la ternura.
Que nadie en mi comunidad se sienta olvidado. Consuela a los que están de luto como un huerto bien regado. Tu amor es más grande que la culpa. Quiero vivir con la certeza de que me sostienes.
Me abandono en tus brazos como un niño en el regazo de su madre. Me duermo en paz porque tú no duermes. Te entrego mi noche entera, con sus silencios y sus sueños. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
