
Amado Dios, en la frescura de este lunes me acerco a ti con fe sencilla. Despeja de mi mente la prisa que me roba la paz y siémbrame mansedumbre. Que mis primeros pasos sean firmes porque van de tu mano. Enséñame a caminar sin prisa y con la mirada en ti.
Repito en voz baja esta oración: líbranos de todo lo que nos dañe. Te entrego mi vida, mi familia y nuestras ilusiones. Te pido que nos guardes del peligro, de las personas con malas intenciones y de todo lo que quiera hacernos daño. Esta mañana pongo en tus manos lo más valioso que tengo: mi vida y la de los míos, junto con nuestras ilusiones y proyectos. Tú eres el mejor guardián que podríamos tener. Libérame de los pensamientos oscuros, que tantas veces me roba la paz.
Reconozco tu bondad en el techo que nos cubre y en la música que alegra el alma. Mi corazón se alegra al recordar la sonrisa de un niño. Me enseñaste que la gratitud abre puertas, y por eso te agradezco el valor para empezar de nuevo. Cuando miro atrás veo tu fidelidad en la mano que me ayudó cuando caí y en las puertas que abriste.
Forma en mí un corazón con gratitud, Padre de misericordia. Ensancha mi fe cuando la desconfianza quiera achicarla. Cuando me venza la incertidumbre, recuérdame que tú sigues a mi lado. Te pido que nos protejas de los peligros del día. De los accidentes, de las enfermedades y de las personas que puedan acercarse con malas intenciones. Rodéanos con tu presencia como un escudo.
Te encomiendo a mis nietos; tú conoces lo que necesitan. Llena de paz también a mis abuelos, aunque estén lejos de mi vista. Protege a mis amigos de todo peligro, visible e invisible. Gracias por mis sobrinos; enséñame a amarlos mejor.
Sostén a los que me ofendieron; que encuentren puertas abiertas y manos amigas. Consuela a los que perdieron la fe como un refugio en la tormenta. Lo que hoy parece imposible, para ti es sencillo. Tu amor es más grande que la envidia.
Y guarda también nuestras ilusiones. Que nadie las apague con palabras negativas y que nosotros mismos no las abandonemos por miedo. Haz que crezcan según tu voluntad. Tú escribes mi historia con más amor del que imagino. Bendice cada hora de este lunes, Padre celestial. Te entrego mi jornada entera, con sus luces y sus sombras. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
