
Amado Dios, cuando las luces se apagan en este miércoles, mi alma se vuelve hacia ti. Cuida mi sueño como un refugio en la tormenta. Aquieta mis pensamientos y apaga en mí la ansiedad. Recoge en tus manos las horas que ya pasaron.
Repito en voz baja esta oración: salud y fuerza para la semana. Te pido que en la semana que sigue me libres de toda tristeza y me des fuerza, salud y ánimo para seguir adelante. Esta noche miro los días que vienen. Quiero vivirlos sanos y fuertes. Dame generosidad y sabiduría, porque solo no puedo.
Aun en los días grises descubro tu cariño en el aire que respiro. Nada de esto lo merezco: la sonrisa de un niño, el consuelo en las horas difíciles, todo viene de ti. Bendito seas por la fuerza para seguir, que llega a mi vida como una fuente que no se seca. Reconozco tu bondad en la libertad de hablarte y en los amigos fieles. Gracias, Dios de paz, por la ropa que me abriga, que tantas veces doy por sentado. Mi corazón se alegra al recordar cada oración escuchada. Gracias porque tu amor me alcanza como un manto que abriga.
Forma en mí un corazón con alegría, Pastor mío. Siémbrame mansedumbre y arranca de raíz la culpa. Que mis palabras construyan y no hieran a nadie. Libérame de toda tristeza. Que no me acompañe a la cama ni amanezca conmigo.
Si hay distancia o enojo entre nosotros, acércanos de nuevo. Haz de nuestra casa un lugar donde se respire sencillez. Recibo a mi familia como un regalo tuyo y te la devuelvo en oración. Que a mis hermanos no les falte salud, trabajo ni esperanza. Alienta a mis ahijados, Señor de mi vida, y cúbrelos con tu amor. Te encomiendo a mis padres; tú conoces lo que necesitan. Pongo en tus manos a mis amigos y a mis sobrinos.
Lleva tu alivio a los que están de luto y a los gobernantes. Sostén a los que lloran; que encuentren puertas abiertas y manos amigas. Tú eres mi roca y mi refugio, Dios eterno. Confío en ti más que en mis propias fuerzas.
Dame salud y ánimo. Con ellos podré cumplir mis deberes y servir a los demás. Descanso en tu fidelidad, que no cambia nunca. Guarda mi descanso en este miércoles que termina, Creador mío. Me duermo en paz porque tú no duermes. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
