
Amado Dios, en esta noche de domingo vengo a ti con el corazón cansado pero agradecido. Cuida mi sueño como la lluvia sobre la tierra seca. Repasa conmigo lo vivido y enséñame a ver tu mano en ello. Recoge en tus manos las horas que ya pasaron.
Hay algo que quiero decirte con toda sinceridad: cosas mejores vienen. Te pido fe para seguir adelante, porque cosas buenas vienen para quienes creen. Esta noche creo. Siémbrame dominio propio y arranca de raíz la ansiedad.
Reconozco tu bondad en las lecciones aprendidas y en los dones que pusiste en mí. Bendito seas por la salud de mi cuerpo, que llega a mi vida como un huerto bien regado. Nada de esto lo merezco: el perdón que recibí, la música que alegra el alma, todo viene de ti. Gracias, Creador mío, por la belleza de la creación, que tantas veces doy por sentado. Me enseñaste que la gratitud abre puertas, y por eso te agradezco los amigos fieles. Cuando miro atrás veo tu fidelidad en las puertas que abriste y en la calma después de la prueba. Hoy no quiero quejarme, sino contar tus bendiciones, empezando por el techo que nos cubre. Quiero ser agradecido también por lo pequeño, como el pan sobre la mesa. Te alabo porque nunca me ha faltado la libertad de hablarte.
Aleja de mí el rencor y dame la alegría de los que confían en ti. Pon en mis labios palabras sabias y en mis manos obras buenas. Dame sencillez y fortaleza, porque solo no puedo. Cosas buenas vienen.
Protege a mis hijos de todo peligro, visible e invisible. Mira con bondad a mis vecinos y dales alegría. Haz de nuestra casa un lugar donde se respire prudencia. Si hay distancia o enojo entre nosotros, acércanos de nuevo. Gracias por mis hermanos; enséñame a amarlos mejor. Abraza también a los que comparten mi techo, aunque estén lejos de mi vista. Que mi hogar sea como un manto que abriga para todo el que llegue. Une a mi familia con lazos de paciencia y perdón. Que en mi comunidad reine el respeto y la ternura.
Derrama tu paz sobre mi ciudad y sobre las naciones en conflicto. Haz que mi oración se convierta en gestos concretos de servicio. Tú eres mi roca y mi refugio, Dios de la esperanza. No temeré, porque tú vas conmigo.
Sigo adelante. Tú escribes mi historia con más amor del que imagino. Recibe mi descanso como una ofrenda de confianza. Que mi último pensamiento sea una alabanza para ti. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
