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Lunes 12 por la noche: repara mis fuerzas

Tarjeta de oración de la noche del lunes 12

Amado Dios, ahora que el lunes se apaga y la casa guarda silencio, quiero hablar contigo. Perdona lo que hice mal y guarda lo que hice bien. No quiero dormirme con rencor ni con angustia en el alma. Aquieta mis pensamientos y apaga en mí la culpa.

Escucha, Dios eterno, lo que brota de mi interior: repara mis fuerzas. Te pido que guíes mi vida, me des sabiduría y repares mis fuerzas. Consuélame si estoy triste, dame salud, regala paz a mi familia y llévanos por sendas de bendición. Llego a la noche con el cuerpo agotado y, a veces, con el alma también. Te pido que en el descanso repares mis fuerzas, como el alfarero que vuelve a dar forma al barro. Pon en mis labios palabras sabias y en mis manos obras buenas.

Gracias porque tu amor me alcanza como un faro en la oscuridad. Gracias, Padre celestial, por la vida que late en mi casa, que tantas veces doy por sentado. Hoy no quiero quejarme, sino contar tus bendiciones, empezando por las conversaciones sinceras. Bendito seas por los abrazos sinceros, que llega a mi vida como el aceite que sana la herida. Aun en los días grises descubro tu cariño en el pan sobre la mesa. Mi corazón se alegra al recordar el perdón que recibí. Quiero ser agradecido también por lo pequeño, como el agua limpia.

Necesito discernimiento para decidir bien y fidelidad para perseverar. Corrige mis caminos sin humillarme, como solo tú sabes hacerlo. Dame compasión y constancia, porque solo no puedo.

Haz de nuestra casa un lugar donde se respire bondad. Une a mi familia con lazos de paciencia y perdón. Que mi hogar sea como el agua que calma la sed para todo el que llegue. Acompaña también a mis compañeros de trabajo, aunque estén lejos de mi vista. Te encomiendo a los míos que viven lejos; tú conoces lo que necesitan. Protege a mis ahijados de todo peligro, visible e invisible. Mira con bondad a mis tíos y dales valentía.

Haz que mi oración se convierta en gestos concretos de servicio. Derrama tu paz sobre mi barrio y sobre las naciones en conflicto. Lo que hoy parece imposible, para ti es sencillo. Tu amor es más grande que la angustia.

Tú eres mi roca y mi refugio, Dios compasivo. Que mi último pensamiento sea una alabanza para ti. Me duermo en paz porque tú no duermes. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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