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Lunes 22 por la mañana: sabiduría para mis metas

Tarjeta de oración de la mañana del lunes 22

Amado Dios, quiero que la primera palabra de este lunes sea para ti, Dios eterno. No permitas que la rutina me haga olvidar que estás aquí. Prepárame para lo que venga, sea alegre o difícil. Despeja de mi mente la amargura y siémbrame fortaleza.

Hay algo que quiero decirte con toda sinceridad: sabiduría para mis metas. En esta semana que comienza te pido sabiduría para alcanzar mis metas, fe para vencer las adversidades y tu bendición y compañía, porque si tú estás conmigo nada me falta. Tengo metas que me ilusionan y que me exigen esfuerzo. Te pido sabiduría para dar los pasos correctos, para organizar mi tiempo y para no desanimarme ante los primeros obstáculos que aparezcan en el camino. Forma en mí un corazón con mansedumbre, Dios de toda consolación.

Bendito seas por las puertas que abriste, que llega a mi vida como un camino abierto en el desierto. Gracias, Padre celestial, por el valor para empezar de nuevo, que tantas veces doy por sentado. Me enseñaste que la gratitud abre puertas, y por eso te agradezco la fe que mantienes viva en mí. Gracias porque tu amor me alcanza como roca bajo mis pies.

Hazme instrumento de tu paz en mi trabajo. Aleja de mí el desánimo y dame la alegría de los que confían en ti. Ensancha mi fe cuando el orgullo quiera achicarla. Sé que vendrán adversidades. Dame una fe firme que no se quiebre con la primera mala noticia, sino que se fortalezca en la prueba y me recuerde que tú sigues obrando aunque yo no lo vea.

Une a mi familia con lazos de paciencia y perdón. Haz de nuestra casa un lugar donde se respire discernimiento. Abraza a los enfermos de mi familia, Dios de amor, y cúbrelos con tu amor. Protege a mis sobrinos de todo peligro, visible e invisible.

Ayúdame a compartir lo que tengo con los que no tienen hogar. No quiero orar solo por mí: también te presento a los ancianos que viven solos. Me basta saber que me conoces por mi nombre. Tú eres mi roca y mi refugio, Dios eterno.

Y sobre todo, quédate conmigo. Tu compañía vale más que cualquier logro. Si tú estás a mi lado, aun los días más duros tendrán sentido y ninguna meta será demasiado alta. Confío en ti más que en mis propias fuerzas. Haz que la alegría de este momento me dure todo el lunes. Acompáñame en cada salida y en cada regreso. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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