
Amado Dios, quiero que mi última palabra de este lunes sea para ti, Dios de toda consolación. Cuida mi sueño como el agua que calma la sed. Aquieta mis pensamientos y apaga en mí las dudas. Que tus ángeles velen junto a mi cama.
Escucha, Creador mío, lo que brota de mi interior: que tu sol disipe mi tristeza. Te pido que tu luz disipe cualquier tristeza y preocupación de mi vida, y que derrames sobre mí y sobre mi familia una lluvia abundante de paz y bendición. También te entrego mis preocupaciones. Las he cargado todo el día y me pesan. Quiero dejarlas a tus pies y confiar en que tú te ocupas de ellas mejor que yo. Forma en mí un corazón con paciencia, Dios de la esperanza.
Cuando miro atrás veo tu fidelidad en la fuerza para seguir y en las puertas que cerraste para cuidarme. Reconozco tu bondad en las risas compartidas en casa y en la música que alegra el alma. Nada de esto lo merezco: el agua limpia, la memoria de quienes me enseñaron a orar, todo viene de ti. Te doy gracias por las lecciones aprendidas y por la vida que late en mi casa. Quiero ser agradecido también por lo pequeño, como los dones que pusiste en mí.
Cuando me venza la ansiedad, recuérdame que tú sigues a mi lado. Libérame de el temor a la enfermedad, que tantas veces me roba la paz. Te pido dominio propio para enfrentar lo que me inquieta. Derrama sobre mi familia una lluvia de paz. Que caiga sobre cada uno de los míos, que refresque los corazones cansados y que haga florecer de nuevo la alegría en nuestro hogar.
Haz de nuestra casa un lugar donde se respire gratitud. Pongo en tus manos a mis padres y a los enfermos de mi familia. Protege a mis ahijados, Dios cercano, y cúbrelos con tu amor. Guarda también a mis nietos, aunque estén lejos de mi vista. Mira con bondad a mis tíos y dales bondad.
Que tu misericordia llegue a los que lloran antes que el desánimo. Consuela a los que buscan empleo como un faro en la oscuridad. Me basta saber que me conoces por mi nombre. Aunque no entienda tus tiempos, sé que son buenos.
Mi esperanza no está en las circunstancias, sino en ti. Me duermo en paz porque tú no duermes. Cubre con tu amor a todos los que descansan bajo este techo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
