
Amado Dios, al comenzar este lunes me pongo en tu presencia con humildad y confianza. No permitas que la rutina me haga olvidar que estás aquí. Que todo lo que emprenda lleve el sello de tu bondad. Pon tu mano sobre cada hora que tengo por delante.
Hoy mi oración gira en torno a una idea: una sonrisa nueva en mis labios. Confío en que en esta mañana pondrás en mis labios una sonrisa nueva y llenarás mi vida de logros, bienestar y bendición, porque me amas y siempre cuidas de mí. Hoy quiero empezar con una sonrisa, aunque haya razones para estar preocupado. No es una sonrisa forzada, sino la que nace de saber que tú me amas y que cuidas de mí. Esa certeza cambia la manera en que miro el día y la manera en que trato a los demás. Necesito bondad para decidir bien y gratitud para perseverar.
Te doy gracias por la música que alegra el alma y por cada oración escuchada. Hoy no quiero quejarme, sino contar tus bendiciones, empezando por la libertad de hablarte. Gracias porque tu amor me alcanza como roca bajo mis pies. Aun en los días grises descubro tu cariño en las risas compartidas en casa.
Cuando me venza el orgullo, recuérdame que tú sigues a mi lado. Libérame de el miedo al fracaso, que tantas veces me roba la paz. Sana las heridas que todavía me duelen como la lluvia sobre la tierra seca. Te pido que me regales motivos para sonreír: una buena noticia, un gesto amable, un problema que se resuelve. Pero si el día trae dificultades, que tampoco pierda la alegría profunda que viene de ti y que no depende de las circunstancias.
Gracias por mis sobrinos; enséñame a amarlos mejor. Te encomiendo a mis compañeros de trabajo; tú conoces lo que necesitan. Mira con bondad a mis tíos y dales bondad. Bendice a mis ahijados, Padre de misericordia, y cúbrelos con tu amor.
Dame un corazón atento para ayudar a quien tenga cerca. No quiero orar solo por mí: también te presento a los niños sin abrigo. Tú eres mi roca y mi refugio, Dios de amor. Mi esperanza no está en las circunstancias, sino en ti.
Llena mi jornada de bienestar y de logros sencillos. Que pueda terminar mis tareas, ayudar a alguien y sentirme útil. Y que mi sonrisa sea contagiosa, para que quienes me rodean también descubran que vale la pena confiar en un Dios que nunca deja de amarnos. Pongo mi confianza en ti, aunque el camino se vea largo. Te entrego mi jornada entera, con sus luces y sus sombras. Guíame paso a paso, para que no me aparte de tu camino. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
